Estos son mis chicos en su Festival de Fin de Cursos "80's Flashback".
¿A poco no están maravillosos?
Debo el inicio, con la salida de las tumbas, pero no lo alcancé a grabar.
No se trata sólo de que esta ciudad me guste. Yo soy esta ciudad. A veces pienso que ya estaba aquí cuando Rómulo y Remo fueron amamantados por la loba, que siempre he estado aquí. Lo siento en lo más hondo. Estuve aquí con Calígula y con Constantino, estuve aquí con Pedro, con los Médicis y con Miguel Angel, los toqué, los conocí. (Thomas Gifford, "Assassini")
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viernes, junio 26, 2009
lunes, febrero 04, 2008
Manitas
Hace un rato envié unas fotografías de mis alumnitos, de los que "abandoné" a mitad de ciclo escolar.
Había una foto de Adrianita, sentada en mis piernas, llorando porque alguien le hizo algo. La fragilidad de los enanos me mata.
Es una maravilla trabajar con ellos, gozarlos, reir juntos, secar lágrimas, aprender, sorprenderse, descubrir el mundo a través de sus ojos.... no hay nada igual a la mirada de un niño que se percata de algo que siempre ha estado ahí, pero que hasta ese momento había ignorado.
El tránsito del primer día de clases al final del ciclo es asombroso. Miles de veces me he preguntado en qué punto se da el milagro de la confianza, ese preciso instante en que los pequeños deciden que están seguros a tu lado y se entregan, totalmente.
No hay imagen que toque más mi interior que una manita infantil que se extiende hacia la de un adulto, aceptando su guía. No hay confianza mayor. No hay privilegio más grande. No existe una responsabilidad que lo sobrepase. Porque, siempre he sentido, que cuando un niño te da la mano, te entrega su vida por completo.
La foto de Adrianita me lo recordó, porque en la última piñata que compartimos fue a sentarse junto a mí, volvió a preguntarme cuándo volvería con ellos, y, a pesar de todo, aunque no regreso al salón, volvió a recargarse en mí y a ofrecerme su mano para ir por un helado.
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